Hoy, sábado, 29 de junio de 2013, mi gato Curro, Currito, el hijo del viejo Curro y de la gata de Agustín, Misha, después de unos 10 años de vida gatuna, ha muerto.

Ya viejecico, cansado, tuerto, con un ojo cegado, no sabemos si de una catarata por la edad o producto final de batallas de juventud.
La cuestión es que se ha muerto, a los 10 o a los 70, según se mire. La cuestión es que según dicen, 1 año de vida gatuna equivalen a 7 años humanos, luego si no me fallan las cuentas, pues sería como si tuviera, en humano, unos 70 años. Pues tampoco está mal, no ha llevado mala vida y se ha ido apagando poquito a poco, aparentemente sin dolor, vamos sin dar un ruidico.
Hoy, sábado, después de la bici, cansado de la ruta, hemos tenido que ir a enterrarlo. Después de tanto tiempo viviendo en la casa, en familia y a su manera, se merecía un entierro digno, y a pesar del calor y del cansancio, hemos sacado fuerzas de flaqueza y a orillas del Genil, en un sombreado y tranquilo lugar ha recibido una bonita gatuna sepultura, con todo nuestro cariño, respeto y afecto.

Cuando paseando pasemos por ese lugar siempre habrá un momento para el recuerdo de Curro, de esto se trata...
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Y es que Curro, en su vida animal, gatuna, también nos ha dado lecciones. Siempre pegado a nosotros, a su aire, sin dar muchos ruido, sin molestar, dando cabezadas en cualquier rincón de la casa o del patio, y cabezazos para que le echáramos de comer.
Le encantaba que lo acariciaran, que le pasaran la mano por el lomo, por eso siempre contaba yo a los humanos aquello de:
"Hasta a mi gato Curro le encanta que lo acaricen de vez en cuando, que le pasen la mano por el lomo, ¿cómo no le va a gustar a uno que de vez en cuando le hagan lo mismo, que lo acaricien y que le den afecto?"

Pues nada, espero que esté en el cielo de los animales y que descanse en paz con todos ellos.